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POBRES MENTES INOCENTES

Escrito por el 12 de noviembre de 2014

Los cómics de terror de la EC pusieron en boga un género que las demás editoriales estaban dispuestas a explotar. Eso provocaba que en el afán de superar a la competencia, las historias se volvieran cada evz más desagradables y explicitas. Hablamos de mediados de la década de los 50, en un país en el que el sentimiento de paranoia estaba a flor de piel. La amenaza comunista pendía sobre las cabezas de los ciudadanos, y cualquier cosa que amenzara el estilo de vida americano se atacaba con fiereza.

En este panorama entró en juego la figura del Dr. Fredic Wertham, un psiquiatra huido de la alemania nazi que se dedicó a ser psiquiatra judicial en la tierra de las libertades. Su nombre se hizo famoso cuando fue asignado para entrevistar al asesino en serie Albert Fish, escribiendo incluso un libro titulado The Show of Violence. Poco después fue reasignado a trabajar con delincuentes juveniles. Maldita fue esa hora.

A través de una serie de entrevistas a estos jóvenes, Wertham  sacó un factor común en todas las historias, y éste era que todos ellos sentían una afición por los cómics de crímenes, por lo que el Dr, Wertham achacó sus crímenes y violencia a la lectura de dichos cómics (de la misma forma que en la actualidad, se pueden asociar a la televisión o los videojuegos).

Sin seguir método científico alguno, para comprobar estas hipótesis, sin siquiera comparar los resultados obtenidos con el de niños normales que leyeran cómics,  Wertham se dispuso a buscar pruebas que sí apoyaran su teoría, por lo que empezó a coleccionar cómics de crímenes (entre los que se incluían los de super héroes, ya que luchaban contra criminales, westerns y otros géneros que no entraban exactamente en esa categoría). El resultado de esta grandiosa investigación fue la publicación del libro titulado La Seducción del Inocente, y que se dirigia a las hordas de padres americanos preocupados porque sus hijos se convirtieran en delincuentes. La culpa de todo ello la tenían los cómics.

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No era la primera vez que los cómics eran atacados de esta forma, pero sí fue la gota que colmó el vaso: los editores de cómics de las diferentes editoriales recibían incluso cartas con amenazas, los vendedores tenían que aguantar las quejas de los padres  de muerte, hasta que el senador Kefauver tomó cartas en el asunto.

En 1953, se creó una comisión investigadora de la publicación de los cómics, se invitó a los diferentes editores a testificar y defenderse, pero sólo Bill Gaines (editor de EC) se presentaría ante el grupo de “expertos” que lo acribillaron.

Al final, esta comisión no hizo nada, debido a que los otros editores encontraron una salida: se crearía un código de autocensura, el llamado Comics Code Authority al que se unieron todos los grandes editores excepto Dell y Gilberton los cuales tenían una reputación bastante limpia en sus cómics y no necesitaron someterse a tal censura.

Sello del CCA

Sello del CCA

Algunas de las editoriales de menor importancia decidieron salirse del negocio: el mercado del cómic estaba en horas bajas y casi al mismo tiempo que el Code entró en vigor una reorganización del sistema de distribución de revistas ya que American News Company, la principal distribuidora, fue liquidada por sus accionistas, dejando al resto de distribuidoras desbordadas ante el volumen de revistas que tenían entre manos, por lo que seleccionaron sólo aquellas más rentables.

El Código prohibía las palabras Weird, Fear, Horror, Terror y Crime en los logotipos de los cómics. Exigía que las historias terminaran con el bien triunfando sobre el mal; las mujeres no podían ser representadas de forma exagerada o excitante. No se podía hacer ninguna representación de vampiros, licántropos o zombis. Básicamente lo que intentaba legislar era la decencia y el buen gusto según los cánones de la sociedad de 1954.

Los cómics de crímenes desaparecieron totalmente, pero los de terror no lo hicieron así, más bien se diluyeron, transformándose en cómics de misterio, monstruos o de fantasmas.

Los títulos que sobrevivieron se relajaron al a hora de mostrar crímenes y casquería, condenando de esta forma el boom de los cómics de terror surgido antes del establecimiento del código. El primer cómic en ser considerado como una semiviolación del Cómics Code apareció en 1955, cuando William Gaines reimprimió en Incredible Science Fiction la historia de EC Cómics titulada El Día del Juicio de la revista Weird Fantasy nº 18. «El Día del Juicio» era un reemplazo a otra historia no aprobada por el Código, pero también se opusieron a ésta objetando que el personaje central fuera negro; la historia de William Gaines, ilustrada por Joe Orlando, era “un fuerte alegato sobre los males del racismo”, lo que quedaría anulado si el personaje no fuera negro. Gaines informó a la Code Authority que “si ese tema no recibía el Sello del Comics Code, él se encargaría de que el mundo comprendiera el porqué”, lo que hizo que la Autoridad diera marcha atrás a su decisión inicial, permitiendo esta historia.

Portada de un cómic de EC que fue bastante críticada por el Dr. Wertham

Portada de un cómic de EC que fue bastante críticada por el Dr. Wertham

Poco después, enfrentándose a las severas restricciones de la CCA, y con sus títulos fracasando, Gaines decidió retirarse de la publicación de cómics books para concentrarse en MAD (que al ser revista no era regulada por el comic code).

En 1971, Stan Lee decide escribir una historia de Spider-Man en la que se acusa el problema de las drogas que asolaba a la juventud americana. El tema parece que no convenció a la comisión administradora del CCA y no le dieron el visto bueno, así que Stan Lee decidió seguir adelante con su historia editando los números Amazing Spider-Man 68 a 70 sin el sello del CCA, obteniendo una gran acogida, demostrando que los argumentos de la comisión eran antiproducentes.

¡Leed muchos cómics!

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